Cruzar la Península Ibérica de sur a norte sobre dos ruedas es un reto al alcance de muy pocos; hacerlo en pleno mes de agosto y bordeando los 50 grados de temperatura convierte la aventura en un testimonio de pura resistencia.
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Los ciclistas veleños Salva Gutiérrez y Javier Rodríguez, este último al frente del gimnasio Atenas Fitness Club, han completado con éxito una expedición en bicicleta que los ha llevado desde las calles de Vélez-Málaga hasta la mismísima plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela.
Lo que sobre el papel se planteó como una travesía de unos 1.100 kilómetros terminó superando los 1.400 kilómetros reales de recorrido tras 11 duras jornadas de pedaleo ininterrumpido.
Una planificación sobre el papel y una ruta exigente
Frente a la complejidad del recorrido, la logística inicial del viaje destacó por su sencillez: la hoja de ruta se diseñó de forma rudimentaria anotando los puntos clave sobre un simple folio antes de partir. Para enlazar el Mediterráneo con el noroeste peninsular, los deportistas trazaron un itinerario combinado que comenzó siguiendo la Ruta Mozárabe a su paso por Córdoba y Mérida. Desde allí, conectaron con la emblemática Vía de la Plata para culminar el trayecto incorporándose en su tramo final al tradicional Camino Francés.
El reto del clima extremo y la España despoblada
El principal adversario del viaje no fueron las rampas ni el firme, sino la severa ola de calor que azotó la península durante el mes de agosto. A su paso por las carreteras extremeñas, el termómetro llegó a marcar registros extremos de entre 47 y 48 grados.
Para combatir el riesgo de deshidratación y golpe de calor, la rutina diaria exigía un esfuerzo de disciplina militar:
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Madrugadas de ruta: Las jornadas de pedaleo arrancaban sistemáticamente entre las 5:30 y las 6:00 de la mañana para aprovechar las horas más frescas y completar la mayor parte del kilometraje antes de los picos de insolación.
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Apoyo logístico familiar: La expedición no contó con un vehículo de asistencia pegado a la rueda; fueron sus propios familiares quienes siguieron el avance del grupo desplazándose de manera paralela por carreteras secundarias.
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El desafío del abastecimiento: Al adentrarse en la geografía interior, los ciclistas atravesaron numerosos núcleos rurales azotados por la despoblación —pueblos de entre 4 y 80 habitantes— donde la falta de servicios básicos como bares o despachos de pan obligaba a gestionar al detalle el agua y los víveres.
Balance sobre el asfalto
A pesar de la exigencia del terreno y las altas temperaturas, el apartado mecánico respondió de manera impecable durante los más de 1.400 kilómetros. La ruta se completó sin averías de gravedad ni fallos en los componentes de las bicicletas, limitándose los imprevistos a pinchazos puntuales que fueron resueltos en ruta sin comprometer los tiempos del viaje.
La llegada a la Catedral de Santiago selló el éxito de una hazaña deportiva marcada por el compañerismo, la preparación física y la capacidad de superación del deporte veleño.








